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*Homo sum: nihil humani a me alienum puto*, dijo el cómico latino. Y yo diría más bien, *nullum hominem a me alienum puto*; soy hombre, a ningún otro hombre estimo extraño. Porque el adjetivo *humanus* me es tan sospechoso como su sustantivo abstracto *humanitas*, la humanidad. Ni lo humano ni la humanidad, ni el adjetivo simple, ni el sustantivado, sino el sustantivo concreto: el hombre. El hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere —sobre todo muere—, el que come y bebe y juega y duerme y piensa y quiere, el hombre que se ve y a quien se oye, el hermano, el verdadero hermano.
Porque hay otra cosa, que llaman también hombre, y es el sujeto de no pocas divagaciones más o menos científicas. Y es el bípedo implume de la leyenda, el *zoon politikón* de Aristóteles, el contratante social de Rousseau, el *homo oeconomicus* de los manchesterianos, el *homo sapiens* de Linneo o, si se quiere, el mamífero vertical. Un hombre que no es de aquí o de allí, ni de esta época o de la otra, que no tiene ni sexo ni patria, una idea, en fin. Es decir, un no hombre.
El nuestro es otro, el de carne y hueso; yo, tú, lector mío; aquel otro de más allá, cuantos pesamos sobre la tierra.
La antítesis
La antítesis contrapone ideas opuestas mediante estructuras relacionadas o equilibradas que intensifican el contraste.
Analiza la operación retórica inicial: citar a Terencio para corregirlo («Y yo diría más bien…»). ¿Qué autoridad se construye el ensayista con este gesto, y cómo continúa la corrección en el examen gramatical de «humanus», «humanitas» y «el hombre»?
Solution
Compara las dos enumeraciones del texto: la serie de verbos vitales («el que nace, sufre y muere —sobre todo muere—…») y el catálogo irónico de definiciones («el bípedo implume…, el contratante social…, el mamífero vertical»). ¿Cómo se oponen en ritmo y en tono, y qué consigue el inciso «—sobre todo muere—» en la primera?
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