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Las estructuras patriarcales restringen la autonomía y la expresión emocional de las mujeres.
«Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón».
En el acto primero de *La casa de Bernarda Alba*, Bernarda afirma: «Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón». La yuxtaposición de los objetos domésticos con los vinculados al trabajo y al dominio divide a mujeres y hombres en funciones rígidas. A través del diálogo, Lorca caracteriza a Bernarda como una figura que convierte las expectativas patriarcales en reglas familiares. La elección de «hembras» reduce la identidad de las mujeres a una categoría biológica y limita su individualidad. La cita también sugiere que el patriarcado se mantiene mediante personas que reproducen sus normas en la vida cotidiana. La brevedad contundente de la intervención intensifica su eficacia, pues condensa toda una jerarquía social en dos imágenes fáciles de recordar. La dureza de «látigo y mula» provoca rechazo y permite que la audiencia perciba la violencia contenida en una división aparentemente tradicional de los papeles de género.